La gestión de conflictos de convivencia en los Centros Educativos Residenciales II

Aula Cheste

La violencia y los conflictos de convivencia.

Se tiende a confundir los conflictos en las Residencias con las conductas violentas. Se habla de violencia de un modo indiscriminado cuando sólo estamos ante conflictos que, aun rompiendo el clima normal de la clase o del centro, no presentan manifestaciones que lesionen física o psíquicamente a profesores-as educadores-as y alumnos-as. La violencia conlleva el maltrato físico o verbal, la exclusión o marginación del agredido y supone una perversión de las relaciones entre iguales, al desaparecer el carácter horizontal de la interacción, es decir, la relación de igualdad, que es sustituida por una relación jerárquica de dominación-sumisión entre el agresor y la víctima (Informe del Defensor del Pueblo sobre la violencia escolar 1999).

La violencia puede entenderse como “un acto o una actitud basada directa o indirectamente en un uso abusivo de la fuerza o del poder, una falta de respeto intencional o no y percibida por el otro como un atentado a su persona, su integridad física, psíquica, social, cultural, un atentado a su seguridad o a su sentimiento de seguridad (Lebailly, 2001, en Conflicto en las Residencias, Ortega y otros, 2003).

La violencia siempre genera un estado de ansiedad e inseguridad, incluso a veces cuadros depresivos que dificultan gravemente la actividad de enseñanza y aprendizaje en quienes la padecen.

El conflicto por el contrario, visto como algo negativo, trastorna e interrumpe el ritmo de enseñanza-aprendizaje en la Residencia, entorpece el clima de clase, altera las relaciones interpersonales entre el alumnado y profesor educador-a / alumnos-as, pero no daña gravemente la vida del centro, no genera un clima de ansiedad e inseguridad en las Residencias ni crea alarma social. Se habla de conflictos en las siguientes situaciones: faltas de disciplina continuadas, falta de respeto a los compañeros, al profesor educador, resistencia al cumplimiento de normas establecidas en el centro, falta sistemática de puntualidad, interrupción del trabajo de los compañeros y del profesor educador, etc. Todas estas conductas generan conflictos muy perjudiciales, y sin embargo no las deberíamos clasificar como violentas.

Pero así como la violencia es rechazable en cualquiera de sus manifestaciones, el conflicto, por el contrario, no es necesariamente negativo. El conflicto es también confrontación de ideas, creencias, valores, opiniones, estilos de vida, pautas de comportamiento,… que en una sociedad como la nuestra, democrática, que se rige por el diálogo y la tolerancia, debe encontrar su espacio y su ámbito de expresión, por tanto el conflicto también es positivo. “El conflicto y las posiciones discrepantes pueden y deben generar debate y servir de base para la crítica pedagógica y, por supuesto, como una esfera de lucha ideológica y articulación de prácticas sociales y educativas liberadoras” (Escudero, 1992).

Complejo esucativo Cheste

El conflicto se da y forma parte de una sociedad democrática. Por lo que sería conveniente hablar más bien de gestión del conflicto o de cómo resolver situaciones conflictivas, integrando el conflicto como una situación educativa (Bodine y Crawford, 1998, en Conflicto en las Residencias, Ortega y otros, 2003)

La violencia podría definirse como la forma oscura e inadecuada de enfrentarse a los conflictos, recurriendo al poder, la imposición y la anulación de los derechos del otro para conseguir salir proclamado vencedor en el enfrentamiento. La violencia no puede ser negociada, no puede establecerse acuerdos sobre el tipo de violencia que está permitida y el tipo de violencia que resultará condenada en un centro escolar, no puede justificarse cuando esta bien o mal empleada la violencia, etc. Esto es algo en donde los profesor educadores no pueden mostrase flexibles, pues la violencia es un fenómeno que debe ser erradicado y denunciado de inmediato. Las conductas violentas no deben tener cabida en los centros escolares, por eso requieren de una lucha conjunta de todos los miembros que forman la comunidad escolar, empezando por los padres y profesor educadores y terminando por los propios alumnos. Por el contrario, en los procesos que permiten gestionar el conflicto de forma positiva se contempla la posibilidad de negociar, establecer acuerdo y compromisos, empatizar con el otro, comprender su postura, etc.

Por otro lado, mientras que la violencia es consecuencia de un aprendizaje, el conflicto es inherente al ser humano, forma parte de su propia naturaleza, de su estructura básica y esencial que le permite madurar y desarrollarse como persona. Por lo tanto, debemos evitar dejarnos llevar por las publicaciones sensacionalistas que demandan una solución inmediata a este problema, pues el conflicto es un aspecto humano que no podemos destruir o hacer desaparecer de la realidad escolar. En este sentido podemos afirmar que el conflicto es inevitable, a la vez que necesario en las vidas de las personas, pero lo que si se puede evitar es la manifestación de una respuesta violenta como vía de solución a los problemas que se nos plantean. Las personas pueden ser educadas para controlar su agresividad (autocontrol), para que reflexionen antes de actuar y puedan optar por otras vías alternativas que permitan gestionar el conflicto a través del dialogo y del respeto.

Además, el conflicto forma parte de la convivencia humana y constituye una fuente de aprendizaje, desarrollo y maduración personal, ya que la persona debe poner en marcha una serie de mecanismos que favorezcan una gestión positiva del mismo. De acuerdo con Ortega (2001, 10) “existe una demonización del conflicto que los asocia indiscriminadamente a conductas no deseables, a veces delictivas. Pero el conflicto es también confrontación de ideas, creencias y valores, opiniones, estilos de vida, pautas de comportamiento, etc. que en unas sociedad democrática que se rige por el diálogo y la tolerancia, encuentran su espacio y ámbito de expresión”. Cuando el conflicto se asocia exclusivamente con las respuestas agresivas y violentas que los sujetos manifiestan ante los problemas que se le platean, se percibe como algo negativo que debemos evitar y resolver, anulando toda posibilidad de desarrollar y aplicar en los centros programas donde se eduque a partir del conflicto. Debemos romper con el mito de que el conflicto siempre es negativo, formando al profesor-a educador-a para que pueda gozar de las destrezas adecuadas que le capaciten para educar a los alumnos desde el conflicto entendiendo éste como algo positivo que aporta nuevas experiencias de aprendizaje, que permite poner en relieve distintas opiniones, que es generador de conocimiento, que permite conocer nuevas alternativas a los problemas, etc.,…

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